¿Le pedís al cuerpo que te "banque"?
Me duele el cuerpo. Es el segundo día del comienzo de mi ciclo menstrual y el cuerpo me pide ir más lento, que lo escuche, como si fuera la primera vez.
Siempre me insiste en que lo escuche. A veces le doy más atención; a veces, le pido que me "banque", que me espere, que hoy necesito ser productiva, que hoy tengo ESA reunión importante, ESA clase que dar, ESA charla con ese cliente especial para mi empresa.
Hoy en el baño, mientras me preparaba para continuar la tarde, me dolió la panza. Me toqué el vientre y me dije:
"Te escucho, acá estoy".
Me emocioné. Fue la primera vez en mucho tiempo que sentí genuinamente que le estaba diciendo a mi cuerpo: Tranquilo, no tenés que gritar porque esta vez te escucho. Hoy no tengo tanto ruido y barullo impidiéndome escucharte, hoy estoy presente. Me tenés a mí, yo a vos, nos tenemos.
Ser humana antes que profesora de yoga
Y así nace esta nueva temporada: con el aviso de mi cuerpo pidiéndome atención.
Te cuento esto porque lo siento relevante. Ser profesora de yoga y ejercitar a diario la práctica de la presencia no me hace estar siempre presente. Tampoco me hace insensible, invulnerable, ni impermeable al dolor. Y creo que somos muchos en la misma sintonía.
Todos queremos sentirnos mejor.
Muchos eligen la queja, porque quizás es lo que hasta ahora conocen.
Muchos eligen vivir desde la gratitud, pero aún así tienen días malos.
Al final, creo que los seres humano somos un poco eso: vulnerables que se creen invulnerables, hasta que tarde o temprano la vulnerabilidad se hace presente en el cuerpo, pidiéndonos ser escuchados a gritos, manifestándose de mil y una maneras.
La invitación a volver a casa
Forma parte de nuestros aprendizajes —tanto sociales como individuales— el aprender poco a poco a escuchar el grito o el susurro del cuerpo, que solo nos pide que estemos para él, que no nos desconectemos de su magnífica y perfecta naturaleza.
Mientras estemos vivos, tu cuerpo está ahí para vos y vos para él. Abrazalo con todo tu amor; te lo va a agradecer, y se lo vas a agradecer.
¿Y vos? ¿Quién está ahí con vos cuando te duele el cuerpo? ¿Le pedís que te banque o te tomás un momento para escuchar el susurro antes de que sea grito?
Te leo en los comentarios.
Antes de cerrar esta lectura, te invito a no quedarte solo en mis palabras. Llevá la mirada hacia adentro. Si tenés un cuaderno a mano, o simplemente querés cerrar los ojos unos instantes, te convido estas tres preguntas que hoy me hago a mí misma:
¿Quién está ahí con vos cuando te duele el cuerpo? ¿Te convertís en tu propio refugio? Si la respuesta es no... ¿qué necesitás hoy para empezar a serlo?
¿Cuántas veces en tu día a día le pedís a tu cuerpo que te "banque", ignorando su ritmo natural por exigencias de afuera... o tuyas?
Si ahora mismo hicieras silencio y llevaras una mano a tu pecho o a tu vientre... ¿Qué te está pidiendo tu cuerpo? ¿Qué vino a revelar hoy en tu vida?
Si sentís el impulso, me encantaría leerte en los comentarios: ¿con cuál de estas preguntas resonás más hoy?
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