No caigas en la trampa: no creas todo lo que escuchas
“Es que yo soy así, determinada” – dijo María.
Así empieza mi blog hoy: una frase, un decreto, una creencia disfrazada de verdad absoluta. Y sin querer queriendo, somos eso que decimos, eso que pensamos. Parece que no hay margen de error. Realmente ella es determinada. Tanto, que cambia de trabajo urgentemente porque “ya no daba para más”. Ella sabe lo que quiere, por eso se aleja de quienes no lo saben. Ella supera todo rápido y “a otra cosa mariposa”. Sale de una relación y empieza otra.
Y así vamos, proclamando quiénes somos. Y si no nos lo decimos nosotras mismas, no te preocupes: ya vendrá tu amiga, tu vecina, tu compañera de trabajo a recordártelo:
“Es que vos sos así, de cabeza dura, siempre te pasa lo mismo.”
Digamos que todos saben todo.
Así andamos por la vida: sabiendo todo de todos. Si no sé de mí, sé de vos. Si no sabés de vos, sabés de mí. “Y te digo que es así.”
“Es que yo sé.”
Y si no sé, lo averiguo: le pregunto a mi psicólogo. Que seguro sabe.
¿Pero si lo que dice no me convence? Cambio de psicólogo.
Mejor le consulto a mis amigas, que siempre tienen la posta.
Aunque… si no me gusta lo que dicen, busco otro amigo, porque “los hombres son más simples y me van a entender mejor”.
Y ahí vamos, desesperados por respuestas. Todo tiene que resolverse ya. Que no duela. Que no duela tanto. Que no se alargue el dolor.
Pero a veces no podemos más. A veces nada de lo que el afuera ofrece nos convence. Y sentimos que estamos perdidos. ¿Y si está bien? ¿Y si no pasa nada? El mundo sigue girando, la vida transcurre, vos seguís respirando. Aunque no te des cuenta, tu cuerpo hace el favor de inhalar, exhalar, suspirar… renovándose.
Entonces probamos con otras terapias:
“Es que tengo la luna en Tauro y me cuestan los cambios.”
“En otra vida fuimos pareja, ahora vinimos a aprender a comunicarnos.”
“Es que aprendí a hablarme mal porque así me hablaban mis papás.”
Rotundas conclusiones. Y todas sirven… para justificar.
Porque es fácil caer en la trampa: decir algo para no accionar. Un escape. Una excusa.
“Lautaro es así, nunca me escucha” – dice la mamá de Lautaro.
Permitime, mamá de Lautaro: ¿Y si él no es así? ¿Y si vos no podés verlo tal cual es?
Permitime, María: ¿Y si vos tampoco sos “así”?
Creemos que lo sabemos todo. Yo también, por eso escribo esto. Pero en el fondo caemos en la trampa soberbia de encasillar. Es más fácil clasificar y descartar que soportar la incomodidad de la quietud hasta que nazca una acción consciente.
Porque cuando veo al otro, en realidad no lo veo. Veo mi reflejo. Veo mi mundo interior proyectado. Creo que miro “afuera”, pero no. No ves a nadie, ni siquiera a vos misma. Solo ves lo que no tolerás dentro. Y claro, es más fácil criticar al otro, pedirle que cambie, creer que eso nos hará felices.
Entonces Lautaro hizo de todo para demostrarle a mamá que sí la escuchaba. Pero ella nunca lo notó, porque no había cambiado. Seguía viendo al Lautaro de su propio guion.
La vida duele. Hay desamor, injusticia, insatisfacción. Nos cuesta sostenerlo y por eso miramos afuera. Pero lo que vemos es apenas reflejo de lo que somos.
¿Cómo no caer en la trampa?
Creo que cada cual debe salvarse a sí mismo. Encontrar su propia llave. Nadie nos salva del sufrimiento. Quien crea salvar, solo multiplica el dolor: vamos rotos, dando consejos no pedidos, alimentando la ilusión de superioridad disfrazada de espiritualidad.
El Quinto Acuerdo, de Don Miguel Ruiz, invita a ser escépticos pero aprender a escuchar. No creer todo lo que escuchamos, ni todo lo que pensamos, pero sí atender qué sentimos en el cuerpo cuando esas frases aparecen.
Ni siquiera te creas a vos misma. Porque un día podés decirte “no soy suficiente, me equivoqué en el trabajo”… y no es verdad. Sos más que suficiente. Llegaste a este mundo perfecta/o, con el cuerpo exacto que necesitabas: tu mejor amigo, tu templo divino.
Y ojo: no caigas en mi trampa. Lo que hoy escribo, mañana quizá no lo crea. La libertad está en la flexibilidad, en no encasillarnos ni en lo que pensamos de nosotros ni en lo que decimos de otros. Porque lo que decimos del otro, habla mucho más de nosotros.
No caigas en mi trampa. No caigas en tu trampa. No caigas en ninguna trampa.
Sé escéptica/o. No creas en nada.
Pero aprendé a escuchar. Escuchate. Sé maga/o de tu propia existencia.
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