Ser tu propio jefe sin morir en el intento
Soy Denise Ailin Correa, una mujer argentina que vive en Portugal. Entre las muchas facetas de mi vida, hoy quiero contarte un poco más sobre mí y las claves que, a través de mi experiencia, he recogido para elegir ser mi propia jefa cada día sin morir en el intento.
Además de ser mujer, hija, hermana, esposa, amiga; también soy instructora de Kundalini y Hatha Yoga, traductora pública en idioma portugués (UBA-Argentina), traductora matriculada (CTPCBA-Argentina), traductora asociada (APT-Portugal), capacitadora en idiomas portugués y español, y socio fundadora de DAC Servicios de Idiomas.
Clave número 1: Imagina y piensa tu proyecto
Desde mi adolescencia, tuve la visión de tener mi propia empresa, mi propio emprendimiento. Sabía que sucedería tarde o temprano. Lo que no sabía era el sinuoso camino que me esperaba, porque, como en toda película de amor, siempre hay obstáculos que dificultan la felicidad eterna.
Así fue como encontré a mi querido amor: DAC. Mi empresa lleva este nombre en referencia a las siglas de mi nombre completo: Denise Ailin Correa. Recuerdo en mi época de universidad, volver a casa y anotar ideas en el escritorio de mi habitación. No tenía clientes, pero sabía que quería trabajar por mi cuenta como traductora. Ya trabajaba por mi cuenta como profesora de yoga, lo cual hacía que la idea de "ser tu propio jefe" no fuera algo imposible de conseguir. Entre nombres ficticios que no llevaban a ningún lado, surgió D-A-C. Fue amor a primera vista y nunca más me propuse un cambio. Estas tres letras me representan completamente y en la esencia de este proyecto está mi energía, mi tiempo, mi dedicación y todo mi amor.
Creo que si no puedes imaginarlo, tampoco puedes crearlo. No sé de tu vida, ni cuál es tu realidad actual, pero quiero que sepas que si puedes pensarlo, más tarde o más temprano podrás ir por ello. Si es algo que realmente quieres y deseas, lo harás.
Clave número 2: Confía en ti y cuéntale a tu entorno
Como mencioné antes, no tenía clientes, pero sabía que quería trabajar como traductora, así que hablaba de eso siempre que podía, compartiéndolo con mis amigos y haciéndolo público en mi entorno. La gente que me conocía sabía lo que podía ofrecer. No quiero decir que te conviertas en una persona que solo se interesa por compartir lo que vende u ofrece, pero sí es importante que tu gente cercana sepa a qué te dedicas, qué haces, qué te gusta hacer y en qué eres bueno. Un día, como si fuera arte de magia, unos conocidos de un amigo necesitaban traducir los guiones de unos videos. Y ahí estaba yo, concretando el primer cliente de DAC.
Necesitas confiar y creer en ti. Si no confías o no sabes cómo generar esa confianza, busca ayuda. En otros de mis artículos menciono la importancia de trabajar en uno mismo y en su propio bienestar. Puedes comenzar con terapia psicológica, mindfulness, meditación, coaching, lo que sea funcional para ti en tu momento.
Clave número 3: Ponte en marcha
Gestioné a mi primer cliente. Conversé por email con el cliente, hice un presupuesto, acordamos el formato y el tiempo de entrega. Cumplí con mi parte y el cliente con la suya. Fue la primera venta de mi servicio y transcurrió satisfactoriamente. Continué formándome y ofreciendo mis servicios. Creé una página de Facebook e intenté hacer yo misma mi propia web, aunque fue un intento fallido. Más adelante, pude invertir en el servicio de un diseñador que montó un sitio web bonito, digno y listo para ser la carta de presentación de DAC. Mientras continuaba en la universidad, participé en eventos, cursos y absorbí todo el conocimiento posible, desde la teoría e historia de la traducción, hasta las buenas y malas prácticas de todo traductor.
Entiendo lo importante de dar pasos prudentes o "baby steps", tener una previsión y ver qué se puede hacer. Pero considero que si no empiezas de una vez, no hay forma de avanzar.
Clave número 4: Ofrece tu servicio y/o producto
Finalmente, obtuve mi diploma de traductora pública y pude matricularme en un colegio de traductores de mi zona de residencia. Paralelamente, ya había incursionado en mi faceta de docente y había empezado a brindar clases de portugués para adultos en el ámbito empresarial y para niños en escuelas. Mis ganas de no quedarme quieta me llevaron a ofrecer mis servicios donde fuera posible, ya sea a través de redes sociales, emails a empresas, institutos, colegios y asociaciones o clubes portugueses cercanos a mi zona de residencia. No me agotaba. Pedí ayuda a amigos y colegas del área, convocándolos para trabajar conmigo. No quería hacer todo sola. A pesar de que no conseguí sostener por mucho tiempo el proyecto entre amigos, felizmente pude compartir trabajo con colegas que aún hoy mantengo.
No importa si te vendes y aún nadie compra. Busca formación en el área, entiende cómo funciona tu mercado, crea tu cliente ideal, invierte en publicidad, haz lo que esté a tu alcance y un poquito más. Tienes que salir a vender; si no te vendes, nadie te conocerá.
Clave número 5: Sigue adelante y adáptate
Mientras trabajaba como profesora de portugués, mantenía los servicios de traducción y también ofrecía clases de yoga. Había semanas en las que no paraba nunca y otras más calmadas. Aunque me sentía a gusto con mis trabajos, quedaba muy exhausta. Notaba que el hecho de volcar mi energía al 100% en mi trabajo me dejaba con poca energía para el ocio y el disfrute. Tuve varias recaídas de salud que evidenciaban mi alto nivel de estrés. Comencé a observarme más y a reorganizar prioridades. No podía ser que, como profesora de yoga, auxiliara a mis alumnos a vivir de manera más consciente y yo misma fuera desesperada, tomando cada vez más trabajo y descansando menos.
Paralelamente, comencé la formación como instructora de Kundalini Yoga, donde la tarea diaria era meditar y hacer yoga. Armé rutinas que comenzaban a las 5 AM y terminaban a las 10 PM. Sabía que necesitaba un apoyo adicional y empecé terapia. Ahí estaba yo, tratando de encontrar el equilibrio en mi vida sin excederme con mis niveles de estrés. Trabajar en mí misma, conocerme y observar mi propia autoexigencia, mi ansiedad, mi autoestima y las proyecciones de mi persona en cada uno de mis trabajos fue fundamental. Me armé agendas apretadas, pero incluía descansos, almuerzos, sesiones de yoga y meditación, terapia y actividades sociales (porque si algo me sale natural es la voluntad de compartir con gente siempre que puedo).
Tuve que adaptarme, aprender a pedir ayuda a nivel personal y profesional. Comprendí la importancia de delegar tareas. No podía hacer todo sola y pretender hacer crecer a DAC sin volverme poco saludable para mí misma y mi entorno. No fue fácil, y mucho menos durante la pandemia de COVID-19, pero encontré colegas que se comprometieron con DAC y me acompañaron en el proceso de crecimiento. En 2020 comenzamos a formarnos como equipo y en 2021 ya éramos un pequeño ecosistema con ganas de avanzar.
En el trayecto de seguir adelante, los desafíos fueron cambiando. Entendí que no siempre sirve lo mismo para todo momento y que no a todos mis clientes les sirve el mismo servicio en todo momento. Para avanzar hay que adaptarse. Necesitamos tener una visión más allá de nuestro propio ombligo. Ahí afuera, las circunstancias, el ambiente y la gente cambian constantemente. Si te quedas quieto y paralizado en una idea fija, es probable que te quedes detenido en el tiempo. Para seguir avanzando, hay que adaptarse. Aunque duela dejar algunas actividades, tareas o personas con quienes compartimos el día a día, los cambios también requieren pérdidas. Sí, lo dice alguien que ha llorado en plena clase despidiendo a sus alumnos. La emoción está ahí, nos atraviesa. Avanzar y adaptarse inevitablemente conlleva pérdidas, pero sin estas no podemos hacer espacio para lo nuevo.
Comentarios
Publicar un comentario