La inteligencia emocional en el trabajo: una habilidad esencial para el éxito profesional
El autoconocimiento es la base de la inteligencia emocional. - Daniel Goleman
Desde pequeña, me interesaba cualquier actividad que me ayudase a conocerme mejor. Estudiaba idiomas, cantaba en coro, leía libros sobre cultura oriental, veía documentales sobre personas de otras culturas que meditaban y buscaba socializar todo lo que podía. Estaba en una búsqueda, aunque entonces no lo sabía. Hoy lo veo claramente.
En la escuela secundaria, comenzaron a buscar estudiantes interesados en ser "mediadores para la resolución de conflictos". Me apunté con toda la alegría del mundo, encantada con la iniciativa. Los adolescentes, como cualquier otro ser humano, están frecuentemente envueltos en problemas y conflictos, quizás con las emociones algo más intensas debido a la etapa de vida en la que se encuentran. En la formación, abogados que ejercían la mediación nos guiaron a lo largo de un curso que se dictaba en horario escolar. Una vez terminado el curso, me entregaron un certificado muy bonito y me avisaron que a partir de ese momento podría ser convocada para mediar conflictos entre adolescentes en horario escolar.
Así comenzó mi labor de mediadora. Podía estar en una clase de matemáticas, ciencias o francés y, de repente, la preceptora entraba para consultar con el profesor si yo podía salir a "mediar conflictos". Generalmente, los profesores me lo permitían.
Los adultos responsables del programa reunían a las personas envueltas en el conflicto y a dos mediadores, muchas veces una de ellas era yo. Escuchábamos a las partes y les pedíamos que se respetaran mientras cada una contaba su parecer. Estas reuniones muchas veces incluían llantos, insultos, voces elevadas, y los mediadores intentábamos calmar las aguas y desentrañar juntos el centro del conflicto. Muchas veces la resolución final era fructífera y las partes se pedían disculpas y se entendían mejor. Otras veces, las disculpas eran de mala gana para no agravar el conflicto, y en algunas ocasiones no se llegaba a ningún acuerdo, pero al menos habíamos intentado que las partes se escucharan.
Recuerdo esos momentos de mi adolescencia como un espacio donde podía servir a otros adolescentes desde un lugar neutro. La regla era que nunca podía ser convocada como mediadora si yo era una de las partes del conflicto. Y sí, también me tocó estar en el banco de quien estaba envuelta en un conflicto y ser escuchada como una de las partes. Fue un desafío porque recuerdo con claridad cómo dos amigas se pelearon y yo estaba en medio de esa tormenta sin poder hacer mucho, pero con la impotencia de querer ayudarlas. Conociendo el procedimiento, di el espacio a los mediadores y conté mi parecer cuando me lo pidieron.
Al terminar mi adolescencia, quería ser abogada, pero también me gustaban mucho los idiomas. Me veía como profesora, pero algo no me terminaba de convencer. Entonces, una profesora de portugués que adoraba, María Alicia, me mostró que existía una carrera profesional que combinaba el estudio del portugués con las leyes. Así conocí la carrera de Traductor Público en idioma Portugués que ofrecía la Universidad de Buenos Aires.
¿Qué tiene que ver esto con la inteligencia emocional?
Como adulta, me encontré compartiendo espacios de estudio, trabajo en oficinas, clases de portugués en escuelas y clases de yoga con adultos y menores. En todos estos ámbitos observaba en quienes me rodeaban una falta de inteligencia emocional. Adultos respondiendo mal a otros adultos, guerras de ego, discusiones entre menores y adultos poniéndose a la altura de los niños, luchas por tener la razón. Intentaba colaborar sin quedarme completamente sin energía, pero también sentía que yo necesitaba seguir cultivando mi inteligencia emocional.
¿Qué nos pasa como adultos que no sabemos manejarnos con neutralidad?
Ante cualquier conflicto, el ego y las ganas de tener la razón siempre están presentes. He mediado entre niños, adultos, adolescentes y adultos, amigos, colegas y clientes. Mi labor de mediadora se ha extendido a todo terreno. Lamentablemente, no todos hemos tenido una formación sólida en autocuidado y autorregulación emocional. No todas las escuelas imparten programas de autoconocimiento y autocuidado, y no todas las carreras profesionales incluyen materias relacionadas con la psicología, psicología educacional, pedagogía o mindfulness.
¿Qué puedes hacer para cultivar la inteligencia emocional?
1. Invierte en conocerte:
Nadie puede conocerte mejor que tú mismo.
¿Sabes lo que quieres? ¿Sabes qué te duele física y emocionalmente? ¿Cuáles son tus heridas? ¿Qué quieres para tu vida? ¿Cuál es la mejor versión de ti mismo que te gustaría alcanzar?
Prácticas como terapia, psicoanálisis, yoga y meditación pueden ayudarte a conocerte mejor.
Si no te conoces, tarde o temprano le responderás mal a tu compañero de trabajo porque no has dormido bien, discutirás con un cliente proyectando tus inseguridades o reaccionarás mal ante conflictos que pueden resolverse de manera simple.
¿Te has detenido a pensar cuántas veces podrías haber evitado un conflicto si hubieras escuchado a la otra persona antes de interrumpirla?
Parece que la ley del más fuerte desde el ego dicta que quien mejor responde y resalta las fallas del otro, "gana".
2. Practica la autoconciencia:
Lleva un diario emocional para registrar tus sentimientos y reflexionar sobre ellos.
Pide retroalimentación a colegas y supervisores sobre cómo te perciben.
3. Desarrolla la autorregulación:
Aprende técnicas de manejo del estrés, como la meditación y la respiración profunda.
Practica la pausa antes de reaccionar ante situaciones estresantes o conflictivas.
4. Fomenta la motivación intrínseca:
Establece metas personales y profesionales que te apasionen.
Encuentra aspectos positivos y significativos en tu trabajo diario.
5. Mejora la empatía:
Escucha activamente a tus colegas y subalternos.
Haz un esfuerzo consciente por comprender sus perspectivas y emociones.
6. Potencia tus habilidades sociales:
Desarrolla habilidades de comunicación efectiva.
Trabaja en la resolución de conflictos de manera constructiva y colaborativa.
Aplica la inteligencia emocional en el día a día
- Utiliza la IE para mejorar la claridad y comprensión en tus interacciones diarias.
- Aborda los desacuerdos con una actitud calmada y empática, buscando soluciones que beneficien a todas las partes.
- Usa la IE para motivar y guiar a tu equipo, fomentando un ambiente de trabajo positivo y productivo.
Conclusión
La inteligencia emocional no solo es una habilidad deseable, sino esencial en el entorno laboral moderno y en la vida personal. Al desarrollar y aplicar la IE, puedes mejorar significativamente tus relaciones laborales, aumentar tu eficacia y bienestar personal, y posicionarte mejor para el éxito profesional. Invierte en tu crecimiento emocional y observa cómo transforma tu vida profesional y personal.

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